Museo gratis en Bilbao, al aire libre.

Ruta por las esculturas de Bilbao.

El arte no está solo en los museos. Pasea por Bilbao y descubre su museo gratis al aire libre sin precios ni horarios. 

Las 15 esculturas urbanas fijas más impresionantes de la ciudad.

Descubre uno de los muchos alicientes que tiene pasear por Bilbao, un museo gratis al aire libre sin precios ni horarios. Si llamativa es su arquitectura, no menos lo es su arte escultural, más de un centenar de obras adorna sus calles, plazas y jardines.

El Paseo de la Memoria, parte de la regeneración urbanística de la zona de Abandoibarra, ofrece el recorrido donde el arte se expresa con más fuerza y continuidad. Pero toda la ciudad en su conjunto acoge uno de los mejores parques escultóricos urbanos que se puede ver, desde el estilo más clásico al más vanguardista.

Desde la primera escultura pública de la ciudad, creada en 1890 por Mariano Benlliure para homenajear al fundador de la villa Don Diego López de Haro que aún hoy nos acompaña en la plaza Circular, muchas otras han venido después, ideadas por artistas de calibre internacional. Destaca la famosa escultura de Jeff Koons, Puppy, un imponente cachorro terrier adornado de flores convertido en uno de los principales iconos del Bilbao moderno e instalado en 1997 con ocasión de la inauguración del Museo Guggenheim, como si fuera su guardián.

Puppy Bilbao

Así pues, en esta nueva ruta os presentamos una selección de las 15 esculturas urbanas fijas más llamativas, según nuestro criterio, dentro de la amplia colección que reúne Bilbao. Una forma diferente de redescubrir la ciudad:

  1. “Variante Ovoide”, Jorge Oteiza.

En la plaza en la que se sitúa el Ayuntamiento, se encuentra una escultura en acero de gran tamaño que no pasa desapercibida, con 6 metros de diámetro y casi 8 de altura. Se trata de una reproducción a gran escala de su desocupación de la esfera o análisis del vacío, en la búsqueda de una energía pura que, según palabras del propio escultor vasco, se encuentra dentro del “vacío respirable de las formas”. 

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  1. Maman”, Louise Bourgeois.

En la fachada posterior del Museo Guggenheim, podemos observar la famosa araña gigante “Maman” (madre en francés), que mide unos 10 metros de alto, por 11 de ancho y 22 toneladas de peso. Esta araña forma parte de una serie que la artista franco-americana dedicó a su madre, de profesión tejedora, con la que aborda la cualidad dual de la maternidad, a través de la asociación poética de la seda de la araña, empleada tanto para elaborar capullos como para atrapar a sus presas.

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  1. Tulipanes”, Jeff Koons.

Situada también en la fachada posterior del Museo, se trata de una gran escultura policromada realizada en acero inoxidable con laca de colores luminiscentes. Representa un manojo de 7 tulipanes a modo de grandes globos de colores, de aproximadamente 5 metros, transmitiendo una sensación de ingravidez que contrasta con el material pesado con el que ha sido construida. Temática plasmada en otras conocidas esculturas como Balloon Dog (Globo con forma de perro).

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  1. El gran árbol y el ojo”, Anish Kapoor.

En el estanque norte del Museo Guggenheim, junto a la ría, se erige esta deslumbrante obra del artista indio consistente en 73 esferas reflectantes de acero inoxidable, asentadas sobre tres ejes. La pieza recuerda el carácter efímero de nuestro mundo, en un juego en el que cada esfera no sólo refleja las contiguas, sino que también se funde con el paisaje, reflejando la silueta del Museo y la arquitectura circundante en un proceso sin fin.

  1. Escultura de niebla – nº 08025”, Fujiko Nakaya.

En este mismo entorno, el estanque posterior del Museo, la artista japonesa ha creado una escultura intermitente que sólo se ve cuando las mil toberas situadas al efecto escondidas bajo el agua, empiezan a lanzar sus fuentes de niebla, experimentando así un contraste visual fugaz de gran belleza estética entre el agua y el titanio.

  1. Explorer’s book”, Sir Anthony Caro.

Ubicada junto a la pasarela Pedro Arrupe, esta pieza de acero y hormigón, compuesta de restos de anclas de barco, recuerda a un gran libro abierto. Simboliza la tradición marinera de Abandoibarra y su enlace con la historia de la ciudad, expresando la síntesis personal, entre figurativa y abstracta, del autor londinense. 

  1. Judith”, Markus Lúpertz.

Continuando por el paseo de la ría, junto al puente que cruza a la Universidad de Deusto, nos encontramos con esta obra del escultor alemán. Está realizada en bronce moldeado, con más de 3 metros de altura y cerca de 1.500 kilos de peso, en la que destaca su rostro sobre el resto, y representa a una heroína bíblica. Según el mito, la heroína hebrea Judith sedujo al general asirio Holofernes para degollarle, y exhibir su cabeza ante el ejército enemigo que se dio a la fuga, salvando así al pueblo judío de Bethulia. 

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  1. Maia”, William Tucker.

Sin salirnos del paseo de la ría, situada entre la pasarela Padre Arrupe y el puente de Deusto, se halla esta obra realizada en bronce de 3 metros de altura y de 3,5 toneladas de peso. Evoca a una mujer embarazada que emerge del interior de la tierra. El volumen es biomórfico y expresa con rotundidad la movilidad del despertar mediante una superficie accidentada, llena de protuberancias y cambios. 

  1. Sitios y lugares”, Angel Garraza.

Entre el puente de Deusto y el Palacio Euskalduna, se asientan dos piezas de hormigón alicatadas con baldosines cerámicos circulares que, a modo de piel, dinamizan su percepción unitaria. Evoca una relación antropológica con el entorno físico a partir de la forma de los kaikus (tradicionales recipientes pastoriles de madera utilizados para cocer leche o fabricar quesos), agigantados y sin capacidad de contenedor. Uno se apoya sobre la base y el otro está como tumbado, recordando en palabras del artista navarro “el sitio donde vives y el sitio del alma”.

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  1. A la deriva”, José Zugasti.

Emplazada en el Parque de Ribera junto al Palacio Euskalduna, se dispone esta composición espacial constituida por aros de acero compacto de 42 milímetros de grosor, cuyos dibujos en el aire dan la sensación de ir cayendo estrepitosamente desde una altura de 5 metros. La pieza quiere homenajear al pasado naval y siderúrgico del lugar que la obra ocupa junto a la Ría, expresando la metáfora del desgaste y aspirando a ser parte de la memoria de una época industrial. 

  1. Terpsicore, la Musa de la Danza”, Salvador Dalí.

Situada junto al junto al estanque del Palacio Euskalduna, se encuentra una bailarina que no muchos saben que es obra del artista catalán. Esta escultura que mide más de 5 metros de altura y pesa alrededor de 2.000 kilos, es la número uno de una edición mundial de dos esculturas cuyo molde creó Dalí en 1971, siendo fundida por primera vez expresamente para su instalación en Bilbao. 

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  1. Dodecatholos”, Vicente Larrea.

Ubicada en la entrada del Palacio Euskalduna se asienta esta obra de hierro que representa un torso humano con los brazos en alto y que pesa alrededor de 72 toneladas. Con esta obra de superficies ondulantes llenas de concavidades, también llamada Trabajos de Hércules, el escultor vizcaíno quería honrar el esfuerzo de los muchos obreros de la industria del Gran Bilbao.

  1. Lugar de encuentro IV”, Eduardo Chillida.

Junto al Museo de Bellas Artes, se sitúa esta escultura realizada en hormigón armado de 16 toneladas de peso, que representa un espacio habitable y de convivencia para el individuo y la sociedad, a los que se intenta aliviar de sus tensiones. No es la única escultura del escultor vasco que podemos encontrar en Bilbao. En la Plaza Circular se dispone “Elogio al hierro III”, y situada frente a la Pasarela Padre Arrupe “Begirari IV”.

  1. “El paseante”, José Ramón Gómez.

Muy cerca de Gran Vía, junto al edificio de la Diputación Foral, en la calle Arbieto, se encuentra la escultura de un viajero anónimo ataviado con su paraguas y su gabardina que recorre la ciudad descubriendo sus rincones y observando a los peatones con los que se cruza.

  1. La exorcista”, Manolo Valdés.

Finalmente, situada en la plaza del puente de Cantalojas, se asienta una dama de bronce que forma parte de una serie de “esculturas habladoras”. Ha sido realizada en colaboración con el escritor Mario Vargas Llosa, al llevar inscrito sobre su rostro un texto compuesto por el Premio Nobel. Una combinación de imagen y poesía que trata de conjurar y exorcizar todo peligro.

Seguro que nos hemos dejado alguna escultura interesante en nuestro paseo por Bilbao. Estamos abiertos a vuestras sugerencias. Haz crecer nuestra lista. Y si el artículo te ha gustado, valóralo con las estrellas que ves aquí abajo y compártelo. ¡Gracias por tu ayuda!

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